domingo, 15 de noviembre de 2015

Universidad, día uno

¿Quién dijo que sería como en las películas?

Estoy seguro que le ha pasado a más de uno, especialmente si se han ido a estudiar a otra ciudad, que en su primer día en el campus no conocen a absolutamente nadie, pues precisamente eso fue lo que me pasó a mi.

Llegué un domingo a Guayaquil (ciudad donde vivo actualmente) luego de haber pasado 6 meses sin hacer absolutamente nada; no tenía un departamento como pasa en la mayoría de películas, sino que me tocó vivir con unos parientes de esos a los que no ves más que una vez cada cuatro años y que técnicamente son unos completos extraños; literalmente sentía mayor confianza con el señor del puesto de revistas de mi calle a que con toda esta gente que poco a poco fui conociendo y que pues, no voy a mentir, a la final les terminé agarrando bastante cariño.

Bueno, como dije anteriormente, llegué un domingo, y ya el lunes tenía que estar a las 07h15 AM en la universidad; el primer día de clases jamás sentí que podría ser más callado, si alguien me hubiera visto probablemente hubiera pensado que era autista o algo por el estilo, porque en las 4 horas que me tocó estar ahí no despegué mi mirada de la pizarra; mucho de esto tuvo que ver con el hecho de que algunos de los chicos que se encontraban en mi salón, ya eran compañeros de colegio, se conocían de hace un tiempo atrás, mientras que yo, pues estaba más perdido que perro en misa, creo que tenía el letrero de "provincia" tatuado en la frente, pero pues, ni modo, de todas formas yo en mis adentros (pero bien adentros) estaba más que contento, pienso que más que nada porque al fin lo había logrado, al fin había conseguido entrar a la universidad que tanto quería, en la ciudad que tanto quería, entonces tuve un momento de meditación, "!LO LOGRÉ MALDITA SEA!" me di cuenta de que se podía lograr, me lo había propuesto y lo había conseguido; si bien tuvo como precio el alejarme de mi familia, mis amigos y de todo lo que había conocido en los últimos años, estaba seguro de que valdría la pena.

Esta es una imagen de cómo me veía en mi primer día:



Recordé que el momento que me fui de casa, no hubo tanto drama y lágrimas como me lo esperaba, si bien el vaciar el armario, llevarte todas tus cosas y aventarte a una capítulo nuevo de tu vida era como para irse en todo un llanto, la verdad yo estaba más emocionado que otra cosa. Si, tenía mis dudas y algo de miedo, pero tenía más miedo de quedarme, tenía miedo de que si no tomaba esa oportunidad que se me estaba presentando, ya nunca más se presentaría, y no me hubiese tocado más que quedarme envuelto en la rutina.

Yo quería más, quería salir, quería ver que el mundo tenía otras cosas preparadas para mi, que algo me iba a esperar del otro lado, y fue eso precisamente lo que me dio el impulso de salir hasta donde me encuentro hoy; y puede que me haya sentido nostálgico un par de meses, pero me gusta pensar que es parte de eso a lo que le llamamos "crecer".

Y bueno, desde ahí todo se resume al día de hoy, sigo estudiando y el temor de mi padre a que no me guste la carrera está finalmente desmentido. Si me preguntan si desearía no haber dejado mi casa, la respuesta es un total NO; no cambiaría lo que he conocido en este par de años por nada del mundo, y sé que aún hay bastante por recorrer; la verdad aún no sé que me tiene preparado el destino para mi allá afuera, pero no puede ser malo, y estoy dispuesto a descubrirlo.

-Danilo-


No hay comentarios:

Publicar un comentario