Primero que nada quiero disculparme por no haber subido nada nuevo en los últimos días, han sido lo que llamamos ¨días difíciles¨.
Ahora, volviendo al tema.
Hemos llegado, nos hemos instalado, y ahora ¿Qué sigue?
Muchos que no han tenido la oportunidad de vivir la experiencia dirán:
- ¡Qué increíble!
- Ay, yo quisiera vivir solo/a
- Sin reglas, tu vida debe ser fiesta tras fiesta
Muchos de los que se encuentran en mi situación estarán familiarizados con estas y muchas otras frases que no hacen más que enaltecer las ¨bondades¨ de vivir solo/a, y que obviamente es solo producto de la ingenuidad; pero lo que no saben en realidad es lo que nosotros decimos acerca de esta situación:
- Ay, ya toca pagar el alquiler.
- Tengo hambre, y solo tengo una cebolla.
- Si salgo hoy ya no como mañana.
- ¡No tengo nada limpio que ponerme!.
Creo que estas se acercan más a la realidad de vivir solos, y es que no es tan bonito como todo el mundo pensaría que es, comenzando desde la aventura de buscar un departamento lo suficientemente decente como para vivir con dignidad, y a un buen precio; hasta las cosas que debes comprar y que te duren lo suficiente como para no morirte de hambre. Vivir solo es todo un reto para quien se atreva, o que por situaciones de la vida le tocó afrontar la independencia.
Confieso que en un inicio mis pensamientos se inclinaban un poco hacia los primeros que cité, pero no tuvo que pasar ni un mes para caer en cuenta de mi realidad y de la nueva vida que estaba adoptando. Desde cosas tan simples como llegar de clases y no encontrar mi cuarto ordenado, hasta tener que yo mismo preparar algo para comer (básicamente arroz o fideos con lo que sea); sin mencionar los métodos que te ingenias para racionar tu dinero y así lograr que te alcance hasta final de mes.
Desde que vivo solo ¨OFERTA¨ se ha convertido en mi palabra favorita, las invitaciones de familiares a comer son más que bien recibidas, y que se ofrezcan a llevarme hasta mi casa definitivamente me arregla el día. Decidir si te saltas la cena para no acabar más pronto tu comida o si llevas tu ropa a la lavandería cuando sea únicamente necesario, son decisiones que se deben tomar, más que nada si es que no tienes un trabajo y solo te sostienes con lo que te envían tus padres.
Lo que me recuerda, que no hay nada más horrible que ver tu estado de cuenta en CERO.
Son estos los momentos en donde quieres desesperadamente que lleguen las vacaciones de fin de semestre para salir VOLANDO a tu hogar dulce hogar, en donde te esperan con un plato de comida caliente que no viene de un microondas, una cama cómoda y todos los cuidados de tu familia. Donde no tienes que preocuparte de las cuentas, de que no te alcance para comprar todo lo que necesitas, de que tienes que lavar tu ropa y toda una lista de cosas a considerar el momento que ¨abandonas el nido¨
Pero bueno, no todo puede ser malo; vivir solo también tiene sus ventajas y en mi opinión es algo que toda persona de mi generación debería intentar, más que nada si piensa algún día comenzar a vivir por su propia cuenta. Apreciar en serio el valor del dinero, saber que habrá días en los que te sientas solo/a y que no puedas tener a alguien a tu lado ayudan mucho a formar tu carácter; genera un sentido de la disciplina que no experimentamos cuando vivimos con nuestra familia que nos da todo; te ayuda a imponerte reglas, como QUÉ SI y QUÉ NO, pues aquí viene la muy aclamada frase ¨no siempre se puede tener lo que se desea¨ y te ayuda a pensar de una manera distinta, en el sentido de que ves todas, y me refiero A TODAS las variables antes de tomar una decisión. Resumiendo, es un paso más al camino de la madurez.
Pero sobre todo, yo considero que en realidad te ayuda a conocerte, a pasar más tiempo contigo y a acostumbrarte a que no siempre habrá otra presencia más que la tuya. Que sea tu voz la que hace eco en las paredes y que en realidad aprendas a estar contigo mismo, y que tú te vuelvas tu propia compañía. O al menos, eso es lo que yo he aprendido en este par de años.
- Danilo-
martes, 24 de noviembre de 2015
lunes, 16 de noviembre de 2015
Recién... ¿Llegado?
Y ahí estaba yo, por mi propia cuenta suelto en una ciudad grande, ¿dónde está el señor del puesto de revistas? ¿El vecino de la farmacia y la señora de la tienda? No era mi casa, no era mi calle y definitivamente no era la ciudad en la que había estado viviendo por los últimos diez años. Está bien, tranquilo, respira hondo y sigue.
Había llegado yo a una ciudad técnicamente extraña, pues desde que tenía ocho cuando me fui hasta la fecha, muchas cosas habrán cambiado, tratar de parecer lo menos perdido posible mientras en el fondo ir con el temor de terminar en el otro extremo de la ciudad por error fue una de las primeras cosas que cruzó por mi mente.
Para mi buena suerte no tuve que preocuparme de eso sino hasta después de un par de meses, dado que un primo habría accedido a ser mi mapa de la ciudad hasta que aprenda o por lo menos intente moverme como un local, y que de hecho en la actualidad pienso yo que se me da bastante bien. Sin embargo no quiere decir que no tuve mis experiencias en la aventura de "conocer la ciudad", como la vez que traté de tomar "la metro" (el equivalente a trolebús) y alegremente entré a una calle famosa por sus traficantes de drogas y ladrones (dato del que me enteraría luego), o cuando la vez que traté de volver a casa desde la universidad por primera vez y tomé como tres buses, pudiendo tomar uno que me dejara a solo unas cuadras; cuando tomé el bus correcto pero en la dirección contraria, o la vez que estaba en el centro de la ciudad, me cayó la noche y no tenía ni la menor idea de cómo regresar. Probablemente aquellos que viven solos en otras ciudades sabrán de lo que estoy hablando.
No es fácil acostumbrar tu estilo de vida a un nuevo ritmo de la noche a la mañana como me pasó a mi, pero eso no quiere decir que sea imposible; yo estaba prácticamente por mi cuenta, aunque no solo, pero necesitaba aprender rápido a valerme por mi mismo, así que no tocó de otra más que ajustarse los pantalones (y esconder el celular) y decir "¡Aquí estoy!". Es increíble, pero las formas que te las ingenias para salir de un apuro son impresionantes, tanto que a veces ni tú mismo te lo hubieras imaginado. Cambia tu entorno y cambia TODO, y como mencioné antes, eso era lo que en principio me intimidaba, el no saber qué esperar, o más importante el cómo solucionar las situaciones que se me irían presentando; pero creo que nunca te lo puedes responder sino hasta que lo vives.
Pienso que ser nuevo en la ciudad es una de esas experiencias que todo el mundo debería vivir al menos una vez; ver un paisaje totalmente nuevo al que estás acostumbrado a ver en tu casa y darte cuenta de que hay un sinnúmero de experiencias que no hacen otra cosa que volver tu vida más interesante. Lo gracioso de todo esto es que tuve que esperar dos años desde que me mudé para al fin darme cuenta; en este preciso instante mis dedos parecieran hacer el trabajo reflexivo junto con mi cerebro para poder sacar esta interesante conclusión.
Experiencias, ya sean buenas o malas cuentan por igual, significa que estás viviendo aquí y ahora, que tienes esa sed de libertad, de descubrir y de asombrarte con algo nuevo cada vez. Te invita a salir más seguido, a conocer lugares nuevos, a irte a vivir a una ciudad nueva, a perderte de vez en cuando, pero siempre encontrando el camino nuevamente para continuar el viaje.
Me gustó ser "nuevo en la ciudad", y sin duda, lo volvería a hacer. ¿En dónde? pues dejo que el destino se encargue de eso, hasta mientras, disfruto el viaje.
-Danilo-
domingo, 15 de noviembre de 2015
Universidad, día uno
¿Quién dijo que sería como en las películas?
Estoy seguro que le ha pasado a más de uno, especialmente si se han ido a estudiar a otra ciudad, que en su primer día en el campus no conocen a absolutamente nadie, pues precisamente eso fue lo que me pasó a mi.
Llegué un domingo a Guayaquil (ciudad donde vivo actualmente) luego de haber pasado 6 meses sin hacer absolutamente nada; no tenía un departamento como pasa en la mayoría de películas, sino que me tocó vivir con unos parientes de esos a los que no ves más que una vez cada cuatro años y que técnicamente son unos completos extraños; literalmente sentía mayor confianza con el señor del puesto de revistas de mi calle a que con toda esta gente que poco a poco fui conociendo y que pues, no voy a mentir, a la final les terminé agarrando bastante cariño.
Bueno, como dije anteriormente, llegué un domingo, y ya el lunes tenía que estar a las 07h15 AM en la universidad; el primer día de clases jamás sentí que podría ser más callado, si alguien me hubiera visto probablemente hubiera pensado que era autista o algo por el estilo, porque en las 4 horas que me tocó estar ahí no despegué mi mirada de la pizarra; mucho de esto tuvo que ver con el hecho de que algunos de los chicos que se encontraban en mi salón, ya eran compañeros de colegio, se conocían de hace un tiempo atrás, mientras que yo, pues estaba más perdido que perro en misa, creo que tenía el letrero de "provincia" tatuado en la frente, pero pues, ni modo, de todas formas yo en mis adentros (pero bien adentros) estaba más que contento, pienso que más que nada porque al fin lo había logrado, al fin había conseguido entrar a la universidad que tanto quería, en la ciudad que tanto quería, entonces tuve un momento de meditación, "!LO LOGRÉ MALDITA SEA!" me di cuenta de que se podía lograr, me lo había propuesto y lo había conseguido; si bien tuvo como precio el alejarme de mi familia, mis amigos y de todo lo que había conocido en los últimos años, estaba seguro de que valdría la pena.
Esta es una imagen de cómo me veía en mi primer día:
Recordé que el momento que me fui de casa, no hubo tanto drama y lágrimas como me lo esperaba, si bien el vaciar el armario, llevarte todas tus cosas y aventarte a una capítulo nuevo de tu vida era como para irse en todo un llanto, la verdad yo estaba más emocionado que otra cosa. Si, tenía mis dudas y algo de miedo, pero tenía más miedo de quedarme, tenía miedo de que si no tomaba esa oportunidad que se me estaba presentando, ya nunca más se presentaría, y no me hubiese tocado más que quedarme envuelto en la rutina.
Yo quería más, quería salir, quería ver que el mundo tenía otras cosas preparadas para mi, que algo me iba a esperar del otro lado, y fue eso precisamente lo que me dio el impulso de salir hasta donde me encuentro hoy; y puede que me haya sentido nostálgico un par de meses, pero me gusta pensar que es parte de eso a lo que le llamamos "crecer".
Y bueno, desde ahí todo se resume al día de hoy, sigo estudiando y el temor de mi padre a que no me guste la carrera está finalmente desmentido. Si me preguntan si desearía no haber dejado mi casa, la respuesta es un total NO; no cambiaría lo que he conocido en este par de años por nada del mundo, y sé que aún hay bastante por recorrer; la verdad aún no sé que me tiene preparado el destino para mi allá afuera, pero no puede ser malo, y estoy dispuesto a descubrirlo.
-Danilo-
Estoy seguro que le ha pasado a más de uno, especialmente si se han ido a estudiar a otra ciudad, que en su primer día en el campus no conocen a absolutamente nadie, pues precisamente eso fue lo que me pasó a mi.
Llegué un domingo a Guayaquil (ciudad donde vivo actualmente) luego de haber pasado 6 meses sin hacer absolutamente nada; no tenía un departamento como pasa en la mayoría de películas, sino que me tocó vivir con unos parientes de esos a los que no ves más que una vez cada cuatro años y que técnicamente son unos completos extraños; literalmente sentía mayor confianza con el señor del puesto de revistas de mi calle a que con toda esta gente que poco a poco fui conociendo y que pues, no voy a mentir, a la final les terminé agarrando bastante cariño.
Bueno, como dije anteriormente, llegué un domingo, y ya el lunes tenía que estar a las 07h15 AM en la universidad; el primer día de clases jamás sentí que podría ser más callado, si alguien me hubiera visto probablemente hubiera pensado que era autista o algo por el estilo, porque en las 4 horas que me tocó estar ahí no despegué mi mirada de la pizarra; mucho de esto tuvo que ver con el hecho de que algunos de los chicos que se encontraban en mi salón, ya eran compañeros de colegio, se conocían de hace un tiempo atrás, mientras que yo, pues estaba más perdido que perro en misa, creo que tenía el letrero de "provincia" tatuado en la frente, pero pues, ni modo, de todas formas yo en mis adentros (pero bien adentros) estaba más que contento, pienso que más que nada porque al fin lo había logrado, al fin había conseguido entrar a la universidad que tanto quería, en la ciudad que tanto quería, entonces tuve un momento de meditación, "!LO LOGRÉ MALDITA SEA!" me di cuenta de que se podía lograr, me lo había propuesto y lo había conseguido; si bien tuvo como precio el alejarme de mi familia, mis amigos y de todo lo que había conocido en los últimos años, estaba seguro de que valdría la pena.
Esta es una imagen de cómo me veía en mi primer día:
Recordé que el momento que me fui de casa, no hubo tanto drama y lágrimas como me lo esperaba, si bien el vaciar el armario, llevarte todas tus cosas y aventarte a una capítulo nuevo de tu vida era como para irse en todo un llanto, la verdad yo estaba más emocionado que otra cosa. Si, tenía mis dudas y algo de miedo, pero tenía más miedo de quedarme, tenía miedo de que si no tomaba esa oportunidad que se me estaba presentando, ya nunca más se presentaría, y no me hubiese tocado más que quedarme envuelto en la rutina.
Yo quería más, quería salir, quería ver que el mundo tenía otras cosas preparadas para mi, que algo me iba a esperar del otro lado, y fue eso precisamente lo que me dio el impulso de salir hasta donde me encuentro hoy; y puede que me haya sentido nostálgico un par de meses, pero me gusta pensar que es parte de eso a lo que le llamamos "crecer".
Y bueno, desde ahí todo se resume al día de hoy, sigo estudiando y el temor de mi padre a que no me guste la carrera está finalmente desmentido. Si me preguntan si desearía no haber dejado mi casa, la respuesta es un total NO; no cambiaría lo que he conocido en este par de años por nada del mundo, y sé que aún hay bastante por recorrer; la verdad aún no sé que me tiene preparado el destino para mi allá afuera, pero no puede ser malo, y estoy dispuesto a descubrirlo.
-Danilo-
Para empezar
¿Qué? Danilo ¿otro blog?
Pues si, y para quienes no me conocen, (probablemente una gran mayoría, por no decir todos) este sería mi tercer intento de escritor frustrado, pero con la diferencia de que en esta ocasión pretendo meterle más entusiasmo que a los otros dos.
Muchas veces durante mi no tan fascinante adolescencia me hacía una idea de cómo creía yo que sería mi futuro, de lo genial que sería cumplir la mayoría de edad y poder entrar al bar de moda, salir y llegar a la hora que se me diera la gana, ser como uno de esos personajes de fraternidad de serie norteamericana que ahora encuentro tan ridículos, en fin, todo ese montón de ideas y expectativas que formé en mi muy puberta cabeza.
Lo que en realidad pasó a partir de que cumplí los dieciocho no se parece en nada a lo que tenía en mente. ¿Ya decidiste qué vas a estudiar? ¿A qué universidad quieres ir? ¿Y si me doy año sabático? ¿Qué pasa con el examen de ingreso? ¿Te vas a ir a vivir a otra ciudad? ¿Y si no te gusta lo que eliges? ¿Dónde vas a vivir? y una lista interminable que a los quinces jamás se me habría ocurrido.
- ¿Qué sucede? así no me esperaba que sean las cosas, se supone que sería divertido, que sería emocionante con mi grupo de amigos tomando la ciudad.
Pues no, la verdad hay que bajarse de esa nube de fantasía porque lo único que llega con los dieciocho, son un montón de interrogantes para las que nadie te había preparado, y que a mi parecer, es una jugada muy cruel por parte de los colegios; pienso que en lugar de "educación para la democracia" (como fue en mi caso) debieron impartir "UNIVERSIDAD 1.0 " porque siendo honestos, nadie te prepara para lo que sucede una vez fuera de las instalaciones del colegio.
Hacemos un avance en cámara rápida de mi "fascinante" vida; pasó los 18, no entré a la universidad, 6 meses sin hacer nada; segundo examen, logré entrar; Abril del 2013, me mudé de ciudad y empecé el curso pre universitario, seis meses después al fin entré a la universidad, LLEGARON LOS DIECINUEVE, primer semestre, segundo semestre, conocí a mi actual novio, LLEGARON LOS VEINTES, tercer semestre, cuarto semestre, LLEGARON LOS VEINTIUNO, quinto semestre, empiezo a preguntarme cómo manejar todo el estrés pre adultez que tengo por delante; siento la necesidad de volver a escribir, y quince de noviembre del 2015, comienzo un nuevo blog.
Bien, ahora que los he actualizado con este muy breve resumen de lo que ha sido mi vida estos últimos años, es hora de empezar. Más que nada, esto tratará de cómo carajo intento sobrevivir a los veintes, universidad, relaciones, trabajos, deudas, departamentos, EL MUY TEMIDO FUTURO LABORAL, entre otras cosas, así que mientras me las ingenio por tratar de medio desenmarañar este nuevo episodio, sean bienvenidos, perdón el desorden.
Los invito a quedarse.
-Danilo-
Pues si, y para quienes no me conocen, (probablemente una gran mayoría, por no decir todos) este sería mi tercer intento de escritor frustrado, pero con la diferencia de que en esta ocasión pretendo meterle más entusiasmo que a los otros dos.
Muchas veces durante mi no tan fascinante adolescencia me hacía una idea de cómo creía yo que sería mi futuro, de lo genial que sería cumplir la mayoría de edad y poder entrar al bar de moda, salir y llegar a la hora que se me diera la gana, ser como uno de esos personajes de fraternidad de serie norteamericana que ahora encuentro tan ridículos, en fin, todo ese montón de ideas y expectativas que formé en mi muy puberta cabeza.
Lo que en realidad pasó a partir de que cumplí los dieciocho no se parece en nada a lo que tenía en mente. ¿Ya decidiste qué vas a estudiar? ¿A qué universidad quieres ir? ¿Y si me doy año sabático? ¿Qué pasa con el examen de ingreso? ¿Te vas a ir a vivir a otra ciudad? ¿Y si no te gusta lo que eliges? ¿Dónde vas a vivir? y una lista interminable que a los quinces jamás se me habría ocurrido.
- ¿Qué sucede? así no me esperaba que sean las cosas, se supone que sería divertido, que sería emocionante con mi grupo de amigos tomando la ciudad.
Pues no, la verdad hay que bajarse de esa nube de fantasía porque lo único que llega con los dieciocho, son un montón de interrogantes para las que nadie te había preparado, y que a mi parecer, es una jugada muy cruel por parte de los colegios; pienso que en lugar de "educación para la democracia" (como fue en mi caso) debieron impartir "UNIVERSIDAD 1.0 " porque siendo honestos, nadie te prepara para lo que sucede una vez fuera de las instalaciones del colegio.
Hacemos un avance en cámara rápida de mi "fascinante" vida; pasó los 18, no entré a la universidad, 6 meses sin hacer nada; segundo examen, logré entrar; Abril del 2013, me mudé de ciudad y empecé el curso pre universitario, seis meses después al fin entré a la universidad, LLEGARON LOS DIECINUEVE, primer semestre, segundo semestre, conocí a mi actual novio, LLEGARON LOS VEINTES, tercer semestre, cuarto semestre, LLEGARON LOS VEINTIUNO, quinto semestre, empiezo a preguntarme cómo manejar todo el estrés pre adultez que tengo por delante; siento la necesidad de volver a escribir, y quince de noviembre del 2015, comienzo un nuevo blog.
Bien, ahora que los he actualizado con este muy breve resumen de lo que ha sido mi vida estos últimos años, es hora de empezar. Más que nada, esto tratará de cómo carajo intento sobrevivir a los veintes, universidad, relaciones, trabajos, deudas, departamentos, EL MUY TEMIDO FUTURO LABORAL, entre otras cosas, así que mientras me las ingenio por tratar de medio desenmarañar este nuevo episodio, sean bienvenidos, perdón el desorden.
Los invito a quedarse.
-Danilo-
Suscribirse a:
Entradas (Atom)