lunes, 16 de noviembre de 2015

Recién... ¿Llegado?

Y ahí estaba yo, por mi propia cuenta suelto en una ciudad grande, ¿dónde está el señor del puesto de revistas? ¿El vecino de la farmacia y la señora de la tienda? No era mi casa, no era mi calle y definitivamente no era la ciudad en la que había estado viviendo por los últimos diez años. Está bien, tranquilo, respira hondo y sigue.

Había llegado yo a una ciudad técnicamente extraña, pues desde que tenía ocho cuando me fui hasta la fecha, muchas cosas habrán cambiado, tratar de parecer lo menos perdido posible mientras en el fondo ir con el temor de terminar en el otro extremo de la ciudad por error fue una de las primeras cosas que cruzó por mi mente.

Para mi buena suerte no tuve que preocuparme de eso sino hasta después de un par de meses, dado que un primo habría accedido a ser mi mapa de la ciudad hasta que aprenda o por lo menos intente moverme como un local, y que de hecho en la actualidad pienso yo que se me da bastante bien. Sin embargo no quiere decir que no tuve mis experiencias en la aventura de "conocer la ciudad", como la vez que traté de tomar "la metro" (el equivalente a trolebús) y alegremente entré a una calle famosa por sus traficantes de drogas y ladrones (dato del que me enteraría luego), o cuando la vez que traté de volver a casa desde la universidad por primera vez y tomé como tres buses, pudiendo tomar uno que me dejara a solo unas cuadras; cuando tomé el bus correcto pero en la dirección contraria, o la vez que estaba en el centro de la ciudad, me cayó la noche y no tenía ni la menor idea de cómo regresar. Probablemente aquellos que viven solos en otras ciudades sabrán de lo que estoy hablando.

No es fácil acostumbrar tu estilo de vida a un nuevo ritmo de la noche a la mañana como me pasó a mi, pero eso no quiere decir que sea imposible; yo estaba prácticamente por mi cuenta, aunque no solo, pero necesitaba aprender rápido a valerme por mi mismo, así que no tocó de otra más que ajustarse los pantalones (y esconder el celular) y decir "¡Aquí estoy!". Es increíble, pero las formas que te las ingenias para salir de un apuro son impresionantes, tanto que a veces ni tú mismo te lo hubieras imaginado. Cambia tu entorno y cambia TODO, y como mencioné antes, eso era lo que en principio me intimidaba, el no saber qué esperar, o más importante el cómo solucionar las situaciones que se me irían presentando; pero creo que nunca te lo puedes responder sino hasta que lo vives.

Pienso que ser nuevo en la ciudad es una de esas experiencias que todo el mundo debería vivir al menos una vez; ver un paisaje totalmente nuevo al que estás acostumbrado a ver en tu casa y darte cuenta de que hay un sinnúmero de experiencias que no hacen otra cosa que volver tu vida más interesante. Lo gracioso de todo esto es que tuve que esperar dos años desde que me mudé para al fin darme cuenta; en este preciso instante mis dedos parecieran hacer el trabajo reflexivo junto con mi cerebro para poder sacar esta interesante conclusión.

Experiencias, ya sean buenas o malas cuentan por igual, significa que estás viviendo aquí y ahora, que tienes esa sed de libertad, de descubrir y de asombrarte con algo nuevo cada vez. Te invita a salir más seguido, a conocer lugares nuevos, a irte a vivir a una ciudad nueva, a perderte de vez en cuando, pero siempre encontrando el camino nuevamente para continuar el viaje. 

Me gustó ser "nuevo en la ciudad", y sin duda, lo volvería a hacer. ¿En dónde? pues dejo que el destino se encargue de eso, hasta mientras, disfruto el viaje.

-Danilo- 

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